análisis electoral, EE.UU., internacional, Política

La imagen puede contener: una persona, textoHoy hemos estado analizando el discurso del Presidente Electo de EE.UU. a escasos días de su juramento y, pese a la gran expectativa generada por cada una de sus apariciones, la novedad es que no hay novedad. Se atisbó una cierta moderación de su discurso en los momentos posteriores a su proclamación, el cierre al discurso de la persecución judicial a H. Clinton, anunciada en campaña por el caso de los e-mail, o las graves salidas de tono. Sin embargo en los momentos previos ha vuelto el discurso del “muro” que no sólo parece separar EE.UU. de México sino a la costa este con la oeste, al norte con el sur. La segmentación del voto americano se ha evidenciado de modo grave y el resquemor de la izquierda estancada en un grave “os lo dije” no parece pronosticar nada bueno. Los grandes damnificados serán de primeras los medios de comunicación progresistas con más tradición como la CNN a quien ayer Trump negó incluso la oportunidad de preguntar.

El hecho preocupante es que el grado de autonomía política del presidente parece abrir la senda de la incertidumbre, las posiciones internacionales extravagantes y las crisis diplomáticas. Sin embargo la realidad del modelo descentralizado y la separación de poderes en EE.UU. juega a favor de un más que previsible consenso nacional. Ni siquiera el anuncio del nombramiento del próximo magistrado del T.S. debe preocupar. A diferencia de España, en EE.UU. el mandato vitalicio permite que, pese a la procedencia ideológica de cada uno, su posición final pueda ser libre en la medida en que no debe esperar respaldos a futuros mandatos. Aunque la proporción sea más cercana al GOP, el futuro de la fiscalización política del gobierno no correrá el más mínimo peligro.

La imagen puede contener: una o varias personasPor ahora y sin muchas decisiones que valorar, más allá de los perfiles elegidos para su mandato y las probables simpatías entre Putin y Trump, podemos augurar la vuelta de EE.UU. a la senda aislacionista que domina la agenda de los presidentes cada varios mandatos.
Esto tendrá efectos económicos y políticos de cierta envergadura para Europa que perjudicarán y beneficiarán de modo llamativo al norte y sur del continente. Una Alemania sin las ventajas del futuro TTIP para exportar bienes con gran valor añadido a un nuevo mercado común tras al estancamiento del poder adquisitivo en el continente o la imposibilidad del desembarco descontrolado de corporaciones de EE.UU. a la caza de gangas en países como España, Italia o Grecia. Los británicos se verán perjudicados, ya que su salida de la U.E. vendrá en un momento donde el amigo americano tendrá un interés mucho menor en seguir el discurso del Pepito Grillo del Foering Office, lo que sumado al dique seco de la City fuera del mercado común, augura un papel marginal en política internacional.

Interesa y mucho ver el calado de las relaciones con Rusia, especialmente en clave asiática. El discurso de Trump hacia China ha sido grave y las algaradas contra Irán y Corea del Norte forman parte del discurso de su cúpula militar, sin embargo también una cierta simpatía por el liderazgo carismático, populista y militarista de Putin. Un futuro eje de influencia Washington-Moscú como defensores de los valores occidentales frente al Islam radical y el poderío de China pueden ser la puntilla política para Europa, abandonada en su frontera oriental, con una OTAN en retroceso y en entredicho incluso desde el laborismo británico de J. Corbyn, y el creciente problema y lucha de poder en la influencia africana con China y en oriente próximo con Rusia.

Si la era de las turbulencias comenzó en 2008 con la crisis económica global provocada en EE.UU. y que sigue devastando Europa, el 2017 puede ser el de las graves certezas políticas y militares, con una probable resolución favorable en 8 años para el Tío Sam y el finiquito del papel europeo en la escena internacional. La influencia de la U.E. no ha sido predominante ni siquiera en la región, por lo que con EE.UU. de espaldas es probable que toque convertirse en el parque temático de castillos, museos y centros comerciales para nuevos ricos asiáticos y rusos. Aciago futuro nos trae Trump.

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The Simpsons votando en las primarias de EE.UU.

La familia norteamericana por excelencia con la que varias generaciones se sientan a comer todos los días, han ido a votar en las primarias y así nos lo hemos imaginado en @WalkingJuice.

Homer, el hombre de Trump.

El siempre visceral, ingenuo, incauto y propenso a llevarse por la publicidad agresiva y sugestiva de la mercadotecnia americana de Homer, es carne de votante del populista republicano. No es complicado imaginarlo gritando furioso ante el televisor o repitiendo irracionales consignas en el Bar de Moe, sin duda luciría la chapa del GOP con su elefante, todo un Pisonick de la política¡

Marge, la Hilary de la casa.

Marge cumple un estereotipo anticuado y sin duda es uno de los síntomas de vejez de la serie. Ama de casa con desarrollo laboral esporádico y trabajos marginales que nunca superan un capítulo, volcada en la cocina, la limpieza y los niños, representa el conservadurismo doméstico norteamericano, con una pátina religiosa llamativa. El conservadurismo doméstico de Marge no está reñido con su conciencia y visión de la justicia social, pero todo con las raíces de la real politik. Así el pilar de la familia Simpson se apoyará en el pilar del Partido Demócrata, Hilary Clinton, que se quiere proyectar sobre la política americana como la sombra de todas esas mujeres con alma y conciencia social pero pegadas a las cuentas del super y el miedo al terrorismo.

Lisa, ¿la América que viene?

EE.UU. ya nos ha dejado un presidente negro y una feminista convencida como Lisa Simpson debería hacer algún esfuerzo ideológico para no votar por la primera mujer en la Casa Blanca. Sin embargo estoy convencido de que si luciese una chapa en su vestido naranja o adornase su carpeta con una pegatina, sería con la cara de Bernie Sanders, la gran esperanza de la izquierda americana. Por primera vez un líder del ala más progresista del Partido Demócrata ha disputado cara a cara con el candidato de mayor peso, y aunque no es un marxista, el senador Sanders es un socialdemócrata a la europea en un país donde el comunismo es un hecho marginal.  La oportunidad de una América más igualitaria, solidaria y con servicios sociales públicos, junto a una política internacional mucho más comedida, son las banderas con las que Sanders haría que Lisa se emocionase. Queda ver si el futuro del Tio Sam pasa por un giro a la izquierda o a una derecha populista.

Bart, individualismo anarco-irreverente¡  

En estas elecciones los caminos de Bart pueden ser diversos en la medida de que se deje influir por la sensatez materna, algo poco probable, se vez seducido por la genética Simpson y acabe de escudero de Homer y el populismo agresivo o en un momento de paz fraternal con Lisa la ayude en su cruzada vital con escaso convencimiento personal. Pero sin duda lo más probable es que tomase el camino de la abstención y se conformase con pintar bigote a todos los candidatos en sus respectivos carteles.